viernes, diciembre 08, 2006

Golpe al futuro del país


http://www.jornada.unam.mx/2006/12/08/index.php?section=edito

En múltiples ocasiones, antes y después de los comicios del 2 de julio, Felipe Calderón Hinojosa prometió el respaldo gubernamental ­y presupuestal, por supuesto­ a la educación y, en particular, a la educación superior. En particular, un mes exacto antes de los comicios, en la 37 Asamblea de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), el entonces aspirante presidencial panista ofreció que un gobierno encabezado por él habría de elevar en 35 por ciento la cobertura de la enseñanza universitaria. Mintió de manera sistemática y evidente: para cumplir semejante promesa se requeriría fundar varias universidades del tamaño de la Nacional Autónoma de México (UNAM) para dar cabida a unos 700 mil estudiantes. En vez de eso, ahora Calderón pretende reducir en varios miles de millones de pesos los recursos destinados a las instituciones de educación superior. Sólo a la máxima casa de estudios se le quiere privar de 900 millones, con el pretexto de que, según dijo el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, son consecuencia "del decreto de austeridad" recientemente firmado por el titular del Ejecutivo.
Las pretensiones del calderonismo de asfixiar a las universidades ­las públicas, se entiende­ serían, de concretarse, un golpe demoledor al futuro del país y una pérdida de lo logrado en décadas en materia de enseñanza universitaria. Sería, además, la cancelación de las perspectivas vitales para millones de jóvenes pobres y de clase media, la liquidación de miles de programas de investigación y la pérdida de un capital humano incuantificable que tendría que emigrar de los centros de educación superior hacia otros ámbitos o incluso hacia otros países. Por añadidura, esta propuesta de recortes salvajes a los presupuestos de 26 universidades debilitaría gravemente a la educación superior como instrumento de desarrollo y crecimiento económico, como factor de independencia y soberanía, como mecanismo de movilidad social y como elemento de identidad nacional. Este ataque a las universidades públicas es, por ello, una buena manera de conseguir a no muy largo plazo un país más deprimido y desintegrado, más dependiente, más injusto, oligárquico, acrítico y antidemocrático y, también, por supuesto, más ignorante: una vez disipada la necesidad de formular promesas electorales en falso y de esbozar, desde la posición incómoda del sucesor beneficiado, una continuación discursiva de Foxilandia, se evidencia en toda su crudeza el verdadero proyecto nacional que propugna Felipe Calderón.
Ante una tentativa tan contraria al sentido nacional resulta inevitable la comparación con el presupuesto presentado en días anteriores por el "presidente legítimo", Andrés Manuel López Obrador, en el que se propone incrementar el gasto educativo en unos 15 mil millones de pesos, un tercio de los cuales iría a las universidades.
Otro tanto ocurre con la visión calderonista de los indígenas. Apenas el miércoles pasado Calderón se dirigía a los habitantes de Tlacoachistlahuaca, Guerrero, con estas palabras: "Vengo a decirles a las mujeres, a los hombres de los pueblos indígenas de México, que pueden contar conmigo y que estaré con ustedes todos y cada uno de los días de mi gobierno hasta el último de ellos". Volvió a mentir. Unas horas más tarde, la comisionada para los Pueblos Indígenas, Xóchitl Gálvez, presentó su renuncia al cargo ­y al calderonismo­ porque en su proyecto de presupuesto el jefe del Ejecutivo operó un recorte de 2 mil 500 millones de pesos en el monto destinado a la atención de los pueblos indios.
La política presupuestal puede ser una manera de auspiciar la articulación nacional, pero también una forma de desarticular al país. Es precisamente lo segundo lo que podría conseguir la propuesta calderonista si el Congreso no la reconfigura. Cabe esperar que la Cámara de Diputados consiga cumplir con dos de sus cometidos centrales ­servir de contrapeso a un Ejecutivo desbocado y actuar en representación del interés nacional­, que restablezca la sensatez y la sensibilidad, y que impida semejantes golpes al futuro de México.

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